Por Jorge Davish
Lo sucedido ayer será recordado como un parte aguas en la historia moderna de México, sin embargo, para el gobierno de la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, para su partido, sus militantes y simpatizantes, las marchas en más de 50 ciudades fueron producto de la organización de sus opositores incluso organizados y financiados desde el extranjero, empero para ciudadanos inconformes con el gobierno y para algunos partidos políticos, las marchas fueron el resultado del hartazgo social por la violencia e inseguridad que padecen desde hace décadas, sin embargo, ambas partes por momentos perdieron el punto de origen que generó las marchas, el magnicidio del ex alcalde de Uruapan Michoacán, Carlos Manzo Rodríguez.
Es obvio que para el gobierno de la 4T, la apuesta será continuar con las descalificaciones contra las marchas, alegando acerca de si fueron pocos los ciudadanos que se manifestaron o incurrieron en violencia, si obedecen a intereses de partidos políticos o de intereses extranjeros, en suma, se calcula que harán oídos sordos y seguramente incurrirán en más montajes o anuncios de mayor entrega de becas y dinero al pueblo para que pierda interés el tema de las manifestaciones, además de defender sus resultados en materia de seguridad amparados en sus estadísticas y cifras.
Para partidos políticos y sectores sociales del país inconformes con los resultados y el rumbo del gobierno, las manifestaciones son como una carta a los reyes, esperan que la inconformidad sea una bola de nieve que crezca y obligue cambios en el gobierno, ven en ello la posibilidad de que Morena y sus gobiernos pierdan apoyo y se refleje en favor de los partidos caídos en desgracia en los próximos procesos electorales, pero repito, es como escribir una carta a los reyes.
¿Qué queda en medio de ambas partes? La mayor parte de los mexicanos que, aunque es capaz de ver los errores en ambos lados, nadie en los partidos políticos es capaz ni de representarlos ni de tomar sus argumentos y presentarlos al resto del país.
Y es que, para empezar, no se debe gobernar desde la idea de que la popularidad te otorga poderes o facultades superiores a la ley, ganar una elección con buenos números refleja apoyo social y le otorga legitimidad a un gobierno, pero no se traduce en un cheque en blanco para hacer y deshacer ignorando o violentando incluso la Constitución y las leyes que de ella emanan.
Ganar una elección en un país democrático con los números más favorables que jamás se hayan visto, no es una carta abierta para hacer de su gobierno e instituciones lo que le venga en gana al gobernante de turno, sobre todo porque muchas de estas instituciones sirven para desconcentrar el poder y generar contrapesos que son muy necesarios para evitar que los gobernantes se convierten de facto en reyes constitucionales, los cuales como en la historia de nuestro país, han impulsado un presidencialismo que es vertical y poderoso.
Gobernar es actuar acotado por lo que la ley dispone, ponderando la eficiencia, así como la correcta aplicación de todos los recursos de una nación, atendiendo los criterios de racionalidad, pero también de transparencia y rendición de cuentas que cualquier nación moderna y democrática debe contar.
Es en este marco que el gobierno de México no puede ignorar y menos olvidar, que las marchas en el país del 15 de noviembre fueron motivadas por el magnicidio del ex alcalde de Uruapan Carlos Manzo, este terrible hecho fue la gota que derramó el vaso, ya que muchos mexicanos lamentaron y resintieron su asesinato ocurrido la noche del 1 de noviembre, debido a que el ex alcalde enfrentó la delincuencia que asolaba a sus ciudadanos, para lo cual por mucho tiempo pidió el apoyo del gobierno federal, primero el de AMLO y luego el de Sheinbaum para enfrentar al NARCO y a la delincuencia organizada, pero el gobierno lo dejó solo, lo ignoró, en parte debido a que el ex alcalde criticaba abiertamente las políticas absurdas de seguridad y porque además reclamaba que el combate a estos grupos criminales era de la índole federal, pero siendo tan mezquinos los gobiernos de Morena, lo dejaron lidiar con el problema solo, porque además no formaba parte de su partido, esa es una verdad que la 4T no podrá negar ni ocultar, están habituados a tender la mano a los políticos que ostentan sus colores y dar golpes y patadas (ocultas) a quienes no son de su partido.
El magnicidio de Carlos Manzo fue la gota que derramó el vaso en un país tan violento como lo es México, hasta antes de su ejecución ya nada parecía sorprender a los mexicanos, ni las diarias ejecuciones, menos las balaceras con decenas de muertos o las masacres, se habituaron a las noticias de los campos de reclutamiento y exterminio, lo mismo al continuo hallazgo de las fosas clandestinas y hasta aprendieron a llevar su día a día en medio de asaltos, la venta de droga, los secuestros, el cobro de piso y otras extorsiones, aprendieron a vivir con todo ello sabiendo que la política oficial del gobierno era abrazos no balazos para los delincuentes, y escucharon de sus gobernados, de esos que en la ley estaban obligados a protegerlos, que los delincuentes eran humanos y que por ello no se les atacaría.
Narco estado, fue la leyenda que el pueblo desplegó en la barda perimetral metálica que el gobierno colocó para evitar que los manifestantes atacaran el Palacio Nacional, esta narrativa se viene desplegando desde prácticamente el primer día del triunfo electoral de Donald Trump en Estados Unidos, misma que se ha visto reforzada con libros como el de la periodista Anabel Hernández y que se han ido revelando también con testigos protegidos y ex narcos asegurados y que hoy forman parte en diversos procesos penales en Estados Unidos, pero más allá de eso incluso a través de la experiencia de los mexicanos que llegan a tener frente a ellos mismos, casos donde se puede oler a kilómetros la corrupción derivada de la unión y en su caso protección del estado a los grupos del narco.
Es precisamente esta parte medular, la que los mexicanos queremos que cambie en el gobierno, queremos que se abandone en primera, la política absurda de los abrazos y no balazos, que los militares regresen a sus cuarteles y que solo mediante grupos específicos de la milicia se les involucren en operativos y acciones, que la GN pase a manos civiles y que sus integrantes se sometan a las leyes civiles y que sean transparentes pero sobre todo efectivos, púes hoy es la corporación policíaca más cara y más ineficiente de la historia de México, se pide que se fortalecen las policías estatales y municipales con la asignación de recursos y dejar de sufrir a cada tanto de recortes presupuestales que los van limitando e impiden su labor en las calles, se pide que las leyes sean cada día más duras respecto a los delitos del ámbito federal pero igual del fuero común, y que al mismo tiempo se fortalezcan las Procuradurías o Fiscalías así como Ministerios Públicos para que puedan contar con los recursos necesarios para cumplir con sus tareas y que al mismo tiempo las víctimas puedan denunciar de manera efectiva no solo la mala atención en estas dependencias sino también la corrupción, es decir, el tema central de todo esto es la violencia y la delincuencia que acabó con la paz de millones de mexicanos, entonces en primera línea debemos poner las reformas y los cambios que se proponen para acabar con la violencia, recuperar la paz y la confianza en la procuración de la justicia.
No es guerra contra nadie la que se propone, pero tampoco se trata que prosiga la simulación, simple y sencillamente se exige que cumplan con la ley, que su actuación obedezca a las propuestas que le hicieron a los mexicanos en campaña, porque lo sucedido en Uruapan es una radiografía de lo que sucede en decenas de estados y cientos de ciudades en todo el país, en donde los ciudadanos en silencio habían aceptado su destino, hasta que el asesinato de Carlos Manzo acabó por quitarles el miedo de levantar la voz y exigir que se acabe la simulación de la lucha contra la delincuencia, que se someta a revisión toda política y toda institución para saber y entender con que se cuenta para poder hacer frente a la inseguridad.
El gobierno puede seguir buscando culpables de organizar las manifestaciones, o usar esa energía y recursos en buscar y detener a los culpables de la inseguridad, puede descalificar a quienes los critican y se manifiestan en su contra, o puede llamarlos al dialogo e integrar sus propuestas para que se desarrollen en políticas de gobierno que sean efectivas en el combate a la delincuencia, puede hacer caso omiso escudado en sus estadísticas y niveles de aceptación, pero eso solo abre la brecha para que la delincuencia siga afianzando su control territorial en México, porque hoy la omisión está costando más que la actuación, el gobierno puede decidir continuar con su política de abrazar a los delincuentes y propiciar la violencia contra sus críticos, pero eso solo hará que las manifestaciones aumenten y que un día estas cobren la vida de personas inocentes.
Dejar atrás la soberbia del gobierno, recordar cuando no eran nada, cuando eran un mexicano mas que se quejaba, recuperar su congruencia, reconocer sus errores y reconocer que han caído en dos graves errores que criticaron de los gobiernos del pasado, el autoritarismo y los oídos sordos, entender que se convirtieron en eso que juraron acabar, entender que ellos mismos antes de ser gobierno colocaron la vara alta con sus críticas y comentarios, entender que terminaron con la basura del PRI y del PAN en sus filas y que los encumbraron en cargos de elección popular, en el gobierno y hasta de embajadores, entender que terminaron siendo el nuevo PRI, pero más ruin y más bajo, entender que terminaron traicionándose así mismos y con ello mintiéndole a los mexicanos, entender que cayeron en la corrupción y en el robo y que ahora defienden todo esto por la comodidad y la riqueza lograda, hoy ser de Morena y colocarse frente al espejo debe ser un gran ejercicio de autocrítica, pero sabemos que así como la congruencia no es lo suyo menos lo es ejercer la crítica entre ellos mismos, muchos han decidido callar reconociendo lo mal que están y lo malo en que se convirtieron por una única razón, que por primera vez muchos de ellos comen frijoles con manteca, y que ante eso, es mejor callarse, adiós al recuerdo de cuando eran congruentes y eran inteligentes y capaces de ejercer crítica y autocrítica, hoy prefieren estar como el perro, con un hueso en el hocico, la época de ladrar terminó para la gran mayoría de ellos, hoy queda defender como perros lo que saben que está mal, y callar para que el hueso no se les caiga del hocico.
